Escupir contra el viento

Prohibir está en boga. Se ha instaurado entre nosotros el fatídico arte de prohibir. Parece ser que la mejor forma de controlar algo es prohibir todo lo contrario. Cabe preguntarse qué no está prohibido y acabamos antes. Sin haber tenido que ir a la cárcel, ya nos podemos hacer una idea de lo que es estar privado de libertad. El grado máximo de la prohibición. Es el peor castigo. Y tengo esa sensación, últimamente me parece que todo se arregla prohibiendo. ¿Acabaremos repitiendo el eslogan de mayo del 68 en Francia, “prohibido prohibir”, que legitimó la idea de que toda autoridad es sospechosa? Me centro en los jóvenes, que al igual que todos los demás, están viviendo con absoluto desconcierto esta delirante situación. El efecto contrario y contraproducente que tienen las prohibiciones en la adolescencia es un hecho palpable. Los marinos dirían que es lo mismo que escupir contra el viento. Flaco favor les hacemos a nuestros hijos si en vez de intentar entenderles y ayudarles en esta etapa, pues os recuerdo que son más vulnerables que nosotros, nos sumamos vehementemente a este conjunto de restricciones continuas y sinsentido. En toda negociación hay que buscar primero los puntos a favor de las partes para encontrar posteriormente acuerdos en aquellas aspectos en los que se disiente. Y es obvio que para llegar a un punto de acuerdo habrá que hacer cesiones por ambas partes. Vamos por partes, pues. Intentemos ver el lado positivo de ver Tik Tok, de jugar a la Play, de salir, de beber o de fumar un porro… aunque no lo creamos todo en esta vida tiene una parte positiva y otra negativa. Sólo hay que buscarlas. Lo que sí varía es el porcentaje de beneficio que tiene cada cosa, pero todo, por pequeño que se sea, tiene una parte positiva. El lado positivo de las drogas es que sirven para anestesiarnos evitando el dolor de una operación. Y para buscar este aspecto positivo hay que querer entender que existe. Negar la mayor no ayuda a encontrar nada. Es más, prohibir fumar a un adolescente y a su hormona, es invitarle a fumar. Porque a esa edad o para los eternos rebeldes, cualquier prohibición de libertad es una invitación abierta a hacer lo contrario. Esto les genera admiración entre los demás y les hacen sentir bien por el hecho de infringir la norma o contrariar a la autoridad competente. A veces es mejor permitir algo que para nosotros no es bueno con la clara intención de no fomentar su uso por el hecho de estar prohibido. Mi abuelo pilló a mi padre fumando. Y en vez de regañarle y prohibírselo, le enseño a fumar, porque le vio torpe, no tragaba bien el humo. Al igual que hoy en día, si fumabas eras más “guay” (ahora “cool”) y más todavía si lo hacías a escondidas de tus padres. Mi abuelo, médico militar, no sólo le enseñó a fumar con estilo y chulería, sino que le proveía de cigarrillos de los buenos, de los de importación. Es más, le incitaba a fumar cada vez más hasta que en una sola tarde le hizo fumar tres cajetillas de tabaco seguidas, encendiendo un pitillo con la “pava” del anterior. Básicamente le intoxicó. Mi padre le cogió tal asco al tabaco que ese día dejó de fumar. No comparto estos métodos, ni fomentaría inducir a mi hijo a un coma etílico para dejar de beber, pero me quedo con la lección velada. En vez de escupir prohibiciones contra el viento, lo que tenemos que enseñar a nuestros hijos es a tener criterio. A tener su propio criterio. Y por supuesto a respetarlo. Jugar a videojuegos tiene una componente positiva, buena para el cerebro. Mejora la atención, la memoria y la coordinación visual y manual, así como previene del envejecimiento cerebral y evita el Alzheimer. Los jugadores son personas con mayor rapidez en la toma de decisiones. Lo que hay que trabajar con tu hijo no es a prohibirle jugar sino negociar y limitar el tiempo de juego. Es más, para conocer los beneficios del juego es bueno que nosotros los padres juguemos con ellos. Nada une más que compartir experiencias con tus hijos: uno, para saber de lo que hablas y dos, para entender las virtudes y defectos de sus descubrimientos. Las redes sociales y el teléfono hacen que mejoren nuestras relaciones con los demás si son auténticas y complementarias a la amistad o al amor de la vida real. Gestionar nuestras frustraciones, nuestro estrés o el aburrimiento con el consumo incontrolado de cualquier sustancia es un grave error y nadie está exento de engancharse a algo para huir de algo, en cualquier formato: un móvil, Instagram, una tablet, una serie de televisión, el tabaco, las compras, el alcohol, el sexo, la pornografía o las drogas. En el fondo cualquier adicción es una vía de escape, igual que el mecanismo de la olla a presión, que necesita de una válvula de escape para que no explote. Mi querida amiga Blanca de vez en cuando dice, hay que quedar “a descomprimir”, para liberar la presión a la que está sometida profesional y personalmente. Necesita de sus amigos para quitarle hierro a la vida. Lo hace de una forma sana; una buena comida, un buen vino y risas, muchas risas. Y para llegar hasta aquí tuvo que descubrir cuál era su propio criterio, forjado a fuego lento, con constancia, con esfuerzo, utilizando el argot marinero, a boga lenta, remando despacio. Siempre acabo en el mismo punto, la educación os hará libres. Ω ¿Alguna duda? ¿Tienes preguntas, comentarios o ideas para compartir? ¡Estoy aquí para escucharte! Ya sea que desees colaborar, solicitar más información o simplemente saludar, este es el lugar para hacerlo. CONTACTO
La primera palabra

¡Dios! Me parece que nos estamos alejando del camino. No sé si tenéis esta misma sensación. Vivimos tiempos convulsos, momentos llenos de incertidumbre y desasosiego. Nuestros gobernantes están muy ocupados en salvarse, enriquecerse y hace tiempo que poco o nada nos representan. Nos mienten con tanta impunidad que su palabra ya no tiene valor. Hace falta tomar las riendas. Hace falta regenerar el tejido dañado. La solución pasa por un buen raspado, una exfoliación que deje paso a células nuevas. Sí, estoy llamando a la rebelión. A la rebelión del liderazgo, a la rebelión de las buenas personas. A la rebelión del sentido común, a la rebelión de sentirnos una raza que evoluciona como seres humanos. Muchos habéis perdido la fe, me consta. Y no os culpo. Pero estamos es ese preciso momento en el que si traspasamos la delgada línea roja es posible que ya no haya marcha atrás. Te propongo un sencillo plan en cinco pasos para retomar el mando: Dale otra oportunidad a Dios. Deja que entre en tu vida. Aunque no tengas o hayas perdido la fe, búscale en los demás, busca lo que representa y encuentra sosiego en el amor. De momento esto es suficiente. Los creyentes tenemos una percepción de la realidad distorsionada para bien, para erradicar la maldad de nuestros actos y pensamientos, o por lo menos eso es lo que intentamos, ser mejores personas cada día. El amor siempre vencerá. Si ponemos amor en nuestras vidas somos invencibles. No es fácil hacerlo con la que está cayendo, pero inténtalo. Cuando te agarras a Dios y él guía tu vida, eres más fuerte. Toma el liderazgo. Deja de esperar y pensar en qué vendrá después, en qué se convertirá tu vida y créala tú, diséñala tú y ponla en marcha tú. Deja de ser una idea o un plan y conviértete en un hecho, en una realidad. Tú tienes que dar ese primer paso para convertirte en dueño de tu destino. Si no lo haces, otros lo harán por ti. El liderazgo personal es una pequeña revolución de cada uno. De atar en corto a tu caballo y que te lleve a donde quieres ir. Da ejemplo. Después de más de veinte años trabajando en multinacionales dirigiendo equipos, después de más de quince años como padre de tres hijos, después de más de trece años dando clase en la universidad, me sigo considerando un aprendiz. En todo este largo o corto recorrido, según se mire, hay algo que es una evidencia para mí. Dar ejemplo es la única forma de liderar: hacer lo que predicas y demostrarles a los demás que eres el primero en hacerlo. No hay más secreto. Lo de “hijos míos, haced lo que yo digo, no lo que yo hago” está muy extendido en política, pero no funciona. Si quieres que vuestros hijos lean, te tienen que ver a ti leyendo. Si piensas que tus trabajadores van a estar trabajando de sol a sol mientras tú estás jugando al golf o en República Dominicana, ¡vas listo, pichón! La figura del líder es el reflejo de las organizaciones, de las empresas, de las familias, de los grupos. Las empresas son personas, y las personas son dúctiles y permeables a lo que el jefe haga, para bien o para mal. Si pretendes que la gente trabaje mucho tienes que ser el primero que entre en la oficina y el último en salir. Pero ojo, no puedes pretender que las personas que trabajen contigo concilien su vida personal y profesional si tú eres el primero que no lo haces. Si no respetas tu tiempo tampoco respetas el suyo. Se puede trabajar mucho y llevar tu parte de la familia, eso sí, no desde una oficina de forma permanente. Tendrás que ofrecer teletrabajo o flexibilidad horaria. ¿Estás pensando que la honestidad, la responsabilidad y el esfuerzo son capacidades que tus colaboradores y tus hijos no tienen desarrolladas en el mismo grado que tú? y que por mucho que lo demuestres, no calan. Pues bien, esto es una larga carrera de fondo y empieza desde el mismo momento en el que nacen o los incorporas a tu empresa con una selección de personal. Para poder llegar a ser como tú quieres que sean, tienes que crear o buscar personas que tengan los valores que necesitas y que bien, educando o regando sean capaces de crecer. Es decir, tienes que crear o buscar plantas con capacidad de crecimiento, abonarlas, regarlas y exponerlas al sol para que puedan llegar a ser como tú. Tienes que desarrollar tu propia capacidad de vislumbrar el potencial de las personas, y una vez más, esto se consigue con buen ojo y experiencia. Mi amiga Rosa les hace 4 preguntas a los inquilinos que pretenden alquilar alguno de sus pisos y con eso valora si existe riesgo de impago, vandalismo o cualquier otra causa que desaconseje el arrendamiento. Fijaos el símil, está metiendo en su casa a gente que a priori no conoce, con todo lo que implica. Obviamente existen especialistas de la careta y es difícil a veces detectarlos al principio, pero con el tiempo se delatan ellos solos, lo importante es que no sea tarde para sacarlos y que haya mecanismos para hacerlo. No pasa nada por equivocarse, lo suyo es ir aprendiendo e ir incorporando más preguntas, más variables a considerar antes de aceptar. Acompañar en el camino es el siguiente requisito imprescindible. Por muy bien que eduques o hayas elegido a un miembro de tu equipo si no das “feedback”, si no corriges o alabas las diferentes actuaciones o decisiones a lo largo del tiempo, no estarás moldeando ni regando el árbol. Es necesario hacerlo de una forma constante, pero sin ser visto. Me explico, las personas no se hacen responsables si les acostumbras a tomar sus propias decisiones y a evitar que se equivoquen. Tienen que errar como parte del aprendizaje. Tu labor es estar cerca para que el niño que camina por lo alto
Mujer emprendedora, vale por dos

Si a la ya difícil tarea de ser mujer, madre, hija, esposa, amante, trabajadora… le añadimos la presión de ser mujer emprendedora, la “machada” es descomunal. Y como pueden comprobar, hasta la expresión coloquial para definir esta valentía, tiene tintes machistas, pero no voy a abrir ese melón, prefiero hablar de la extraordinaria capacidad de entrega que sólo una mujer es capaz de dar. Lo realmente poderoso y maravilloso de todas y cada una de estas facetas de la mujer es el amor con el que están hechas. Nos dan lo mejor de ellas mismas sin pedir nada a cambio. Sin esperar un reconocimiento superlativo, ni atribuirse mérito alguno y a veces, ni siquiera esperar una recompensa. Dedicarnos su tiempo es su más precioso regalo y pocas veces lo agradecemos, no hablo sólo de los hombres. Todos estos roles que desempeñan las mujeres, las enriquecen y las llenan de vivencias, experiencias y aprendizajes inolvidables. Nos dan vida y la vida, amor, respeto, gratitud y alegría a todas las personas que convivimos con ellas, independientemente del sexo. Las mujeres son fuertes, inteligentes, generosas, apasionadas, valientes e incontables calificativos más. Tomando en cuenta el valor y el coraje que se necesita para afrontar la vida hoy en día, nada resulta más hermoso que hacerlo como mujer. En ocasiones y fruto del menosprecio de miserables, junto con el yugo de la indiferencia de retrógrados, las mujeres no ponen en valor su estima. Cumplen con sus responsabilidades y en no pocas ocasiones hasta aceptan taciturnas faltas de respeto. Por eso las mujeres tienen que ser las primeras en quererse más, en reconocer su valor y hacer que su entorno inmediato aprecie su presencia en sus vidas. Aprender a ser fuertes a las críticas incluso de otras mujeres que en vez de apoyarlas las intentan desanimar. No se trata de ser indispensables, sino por el contrario, se trata de poner en la balanza todo su empeño y dedicación a cada actividad que realizan y al menos pedir respeto y equidad, pero sobre todo lo que se necesita es que la propia mujer crea en lo que hace, y confíe en sus propias capacidades para salir adelante. Hacer su propia guerra interna de miedos e inseguridades para dar el paso a la posibilidad de emprender. No puede sentirse culpable cuando sus hijos reclamen más atención, y entender que todo sueño tiene su sacrificio, y que en vez de abandonarlos les está dando una lección de vida, porque cuando sean mayores, recordarán como su madre trabajaba duro día a día para lograr su sueño y así ellos harán lo mismo para perseguir los suyos. Deberá encajar cada derrota como una oportunidad de aprendizaje y seguir adelante. No nos engañemos, en España ser mujer y trabajar todavía no está en igualdad de condiciones. Sigue habiendo brecha salarial. Pero la cosa se agrava cuando hablamos de mujeres emprendedoras, y no por ellas, que su actitud es de alabar, sino por el resto de la sociedad, que no estamos a la altura. Una sociedad a la que le cuesta comprender y tiende a juzgar a las mujeres cuando se salen de lo establecido, es una sociedad enferma. Aunque cada vez son más las mujeres emprendedoras, estas siguen siendo bastantes menos que los hombres. El número de mujeres emprendedoras en España ha crecido más de un 40% en los últimos diez años. Se estima que hay 700.000 mujeres emprendedoras. Son pocas, necesitamos más. Las necesitamos en el entorno emprendedor. Las “startups” lideradas por mujeres fracasan menos, está demostrado. Y, ¿cómo descubre una mujer que tiene madera de emprendedora? Pues hay ciertas características que son comunes a todas las emprendedoras que he conocido. Con la obligación de ser autónomas y tener que salir adelante valiéndose por ellas mismas, no les ha quedado más remedio que aprovechar al máximo sus habilidades, asumiendo múltiples responsabilidades y dar lo mejor de sí para llevarlas a cabo. Me refiero al “multitasking”, es decir su capacidad para realizar varias tareas de forma simultánea. Cuando una mujer quiere conseguir algo y se compromete con el objetivo, nadie puede pararla. Lo consigue porque su orientación al logro es extraordinaria. Son moderadas asumiendo riesgos, son mucho más responsables en la toma de decisiones, no se precipitan y asumen las responsabilidades siendo conscientes de todas las implicaciones que tienen. Todo en favor de conseguir un mejor desempeño. Tienen un espíritu proactivo y positivo. Son innovadoras y capaces de crear productos y servicios nuevos o mejorar los que ya existen fruto de su continua observación y optimización de los procesos. Tienen que demostrar el doble de valor que si fueran hombres para hacer ver que su idea o plan de negocio es bueno. Y ni siquiera basta con que sea bueno y ella crea en ella misma al cien por cien, además tiene que convencer a un entorno reacio a las nuevas ideas y más si las capitanea una mujer. Por eso afirmo que una mujer emprendedora, vale por dos… o por tres, porque a las dificultades de ser mujer hay que sumarle las de ser emprendedora, compaginar el duro trabajo de sacar adelante un sueño con el cuidado de los niños y la casa. Y como guinda, casi de forma anónima trascenderán en la historia persiguiendo un único y loable propósito, el de allanar el camino de mayor igualdad y oportunidades a sus hermanas, hijas o nietas. Ω ¿Alguna duda? ¿Tienes preguntas, comentarios o ideas para compartir? ¡Estoy aquí para escucharte! Ya sea que desees colaborar, solicitar más información o simplemente saludar, este es el lugar para hacerlo. CONTACTO
Cómo vencer a la incertidumbre

Nos quitaron la claridad, la certeza y la seguridad de lo que llamábamos normalidad para instaurarnos en el miedo y en la incertidumbre. Ya no veo sonrisas, nos las taparon. Veo personas agotadas, tristes y sin ganas de nada. Nos quitaron la alegría de vivir. En estos momentos difíciles, hay que ser muy fuerte para mantener una actitud positiva y encontrar el equilibrio necesario para sobreponerse a tanta desgracia. Y de verdad que soy consciente de la cantidad de casos graves de toda índole que hay y de los que habrá. Pero tenemos que aprender a proteger nuestra salud mental, darnos permiso para sentir esas emociones; me refiero a la angustia, la desilusión y la tristeza, e inmediatamente buscar un punto de apoyo, levantar la cabeza y vislumbrar que hay una salida, porque siempre hay una salida. Sabemos que las cosas no van bien y que no nos gusta el derrotero por el que fluyen, pero elegir permanecer dentro de ellas, instalándonos en el victimismo y la desolación, no es una buena elección. A la incertidumbre se le puede vencer, sólo hace falta quitarse el temor a vivir en ella. Cuando descubres que te puedes familiarizar con su forma irreverente de jugar contigo y que hasta puedes llegar a entenderla y predecirla, ya estás en el camino para poder neutralizarla. Hay muchos autónomos que están acostumbrados a vivir en la incertidumbre, un día la normalizaron y se han hecho a vivir así, sin miedo. El hombre y su instinto de supervivencia normalizaron esa incertidumbre hace mucho tiempo y dejaron de tener miedo para controlar con sus propios medios, su futuro. Está en nuestra naturaleza superar las mil y una dificultades, es así desde que el hombre es hombre. Piénsalo, si no fuera así de esta manera, ya nos habríamos extinguido hace tiempo. El golpe ha sido duro y muchos ya no lo podrán contar, pero somos muchos más los que aún quedamos en pie y tenemos que levantar nuevamente la mirada y construir nuestro mañana. El nuestro y el de nuestros hijos. Sin dilación. Tenemos que volver a liderar la iniciativa y tomar el control, cada uno en su campo. Todos juntos. Conviviendo con lo incierto, hasta que consigamos doblegarlo. Nos toca volver a empezar, no queda más remedio. No será fácil. Tendremos que superar miedos y asumir riesgos. Necesitaremos esa determinante voluntad y la actitud que requiere emprender de nuevo el camino. ¿Qué digo yo camino? Ya me gustaría a mí que hubiera un camino. Nos tocará crear el camino. Y ojalá que sepamos crear uno mejor.Permanecer inmóvil no es una opción. No podemos perder la oportunidad de saber qué hubiera pasado si no lo hubiéramos intentado. Si lo intentamos podemos perder, pero si no lo intentamos, ya hemos perdido. El mundo está lleno de gente que tiene ideas, sueños y planes… pero pocos son los que realmente los ponen en marcha. Ahora es el momento, tenemos que armarnos de coraje y echar para adelante. Probablemente nos queden unos cuantos golpes por llegar, así que vamos a ir pensando cómo convertir esa adversidad en fuerza positiva para poder aprovecharla. Tenemos que levantarnos una y otra vez, cada vez más fuertes y decididos a seguir adelante. No podemos decir nunca que con esto no podemos, nuestro deber es intentarlo una y otra vez. Con persistencia, con perseverancia. Será duro, pero saldremos, saldremos más fuertes, más preparados. Nos encontraremos a nosotros mismos. Llegaremos a nuestra esencia, será la experiencia necesaria para hacernos superhombres, para sentirnos orgullosos de haber renacido, para que algún día podamos realmente apreciar lo que conseguimos. Convertirnos en ejemplo e inspiración para los demás. Ser los primeros e ir abriendo camino. Cada avance de la humanidad es un paso más… hacia la inmortalidad. Así es la vida y así es como tiene que ser. Apreciamos muy poco lo que conseguimos sin ningún esfuerzo. Y en el camino tenemos dudas y a veces desaliento, fatigas y zancadillas. Y para seguir adelante hay que ser muy fuerte y llorar. Sacar la rabia, el odio, la desesperación y darle la vuelta en forma de aliento, alimento y coraje para levantarse y decir, ¡nosotros seguimos! ¡nosotros podemos! No es tan importante ser fuerte como sentirse fuerte. Encontraremos el camino. Llegaremos a nuestro destino. Por un lado o por otro. Porque nunca dejaremos de buscar. Porque al final siempre, siempre hay una salida. Si nos creemos que podemos salir de esta, saldremos. Saldremos con coraje, perseverancia, insistencia, confianza, ilusión, pasión… porque salir adelante es también una cuestión de actitud.Tendremos que aprender a sonreír con la mirada. Apoyarnos en situaciones difíciles en lugar de evitarlas nos hace más fuertes. Crecernos ante la adversidad. Nos tenemos que levantar una y otra vez, cada vez más fuertes y decididos para seguir adelante. Otra vez a la trinchera, a luchar por salir adelante, evolucionar, prosperar… luchemos por vivir. No me canso de daros ánimos, es la energía necesaria para arrancar, para vencer. ¡Ánimo valientes! Ω ¿Alguna duda? ¿Tienes preguntas, comentarios o ideas para compartir? ¡Estoy aquí para escucharte! Ya sea que desees colaborar, solicitar más información o simplemente saludar, este es el lugar para hacerlo. CONTACTO
La asignatura pendiente

Hablo con conocimiento de causa. Yo fui uno de esos chavales sin una vocación clara, sin horizonte ni destino, sin ni siquiera un derrotero certero. Al terminar mis estudios de Bachillerato me enfrenté a COU, el Curso de Orientación Universitaria, que de poco me orientó. Tenía otras cosas más importantes en las que ligar, perdón, en las que pensar.La tradición familiar me guiaba hacia las artes biológicas, mis aptitudes eran más artísticas que mundanas y lo único que sí tenía claro, es que no sabía lo que quería. Todo esto aderezado con la presión de tener que ser universitario para ser un hombre de bien, respetable y no perder ni un minuto para terminar año a año y no llevar el estigma de repetidor de por vida. Ahora, con el paso del tiempo, me cago en esa presión. Correr para no llegar. Creo que hubiera ganado mucho tiempo si lo hubiera perdido un poco en conocer, entender y ver qué quería ser de mayor. Sobre todo, por la felicidad que conlleva encontrar tu sitio en el mundo. Muchas de las personas con las que comparto mis sesiones como mentor me cuentan que son infelices porque no supieron elegir bien su camino. De no haber considerado un oficio como opción porque la formación profesional era para los perdedores. No supieron o no tuvieron valor para enfrentarse a todos y cada uno de estos prejuicios que les condujeron a vidas aparentemente normales de madre o padre, profesor, abogado, médico o ingeniero. Vidas normales, pero, vidas vacías. Descubrir en medio de la carrera que esta no es tu vocación es más normal de lo que parece. Pocos son los valientes que tiran del freno de mano y salen dando tumbos por la tangente, decepcionando al sistema y hasta la madre que los parió. Lo normal es terminar la carrera y ya si eso, mirar a ver qué te gustaría hacer, pero como hobby, no como plato principal. Cinco o seis años tirados a la basura para aparentar lo que no eres, es un precio muy alto a pagar.Pero todavía más triste es seguir adelante por inercia, y empezar a trabajar en aquello que ya descubriste en la carrera que no era lo tuyo. ¿Cuánta gente no tuvo valor y se quedó dentro del armario de por vida? La desconexión entre la educación que recibiste y lo que va a ser el resto de tu vida laboral es brutal. Merece la pena parar y pensar. Parar y probar. Parar y equivocarse. Parar y corregir tantas veces como haga falta, sobre todo aquellos que nacimos sin una vocación manifiesta, aparente. La esperanza de vida en España es de 83 años. Si terminas la carrera con 23 o 24 años, aún te queda más del 70% de tu vida para ejercer de algo a cuya decisión apenas le dedicaste un año. No me cuadra salvo para los vocacionales, que los hay, aunque son menos de los que parecen. Viendo el panorama del trabajo en España, donde cuatro de cada diez empleos a los que quieren dedicarse los jóvenes españoles están en riesgo de desaparecer, donde el paro juvenil se acerca peligrosamente al 50%, donde la mitad de los jóvenes no encuentran trabajo ni lo van a encontrar, porque no olvidemos que los robots ya no son ciencia ficción, creo que deberíamos invertir 3 ó 4 años a una fórmula mixta de formación y trabajo. Como si entrelazásemos las manos. No dejar el Instituto, la Facultad o la Carrera para trabajar, sino un periodo mixto y remunerado en el que se aprenda trabajando, con beneficios fiscales para las empresas y que sirva para corroborar que es a esto a lo que nos queremos dedicar. Una transición donde equivocarse no sea delito, donde perder el miedo a perder. Donde volver a empezar no esté mal visto. Una especie de “Training on Job”, de entrenamiento en el trabajo, sin compromiso. Porque hasta que no ves el día a día de un veterinario, de una enfermera, de un policía, de un bombero, de un taxista o de un jardinero… no eres capaz de entender en qué consiste realmente este trabajo. Y, por tanto, de saber si te gusta y te llena. Para mí, viniendo de un colegio cristiano el choque fue brutal. El contraste de valores que me enseñaron los curas comparado con los principios que hoy en día rigen en muchas compañías es como el día y la noche. Hay gente normal que trabajando son auténticos hijos de puta y probablemente la respuesta sea que están fuera de lugar, fuera del lugar donde deberían ser felices. Nos falta encontrar esa pieza que une ser un estudiante que ha terminado su oficio o su carrera con la de un trabajador feliz. Esa es nuestra asignatura pendiente. La de completar el círculo de nuestro paso por la vida. De ser felices con nosotros mismos. Hay muchas formas de estar, pero sólo hay una forma de ser, la de estar contigo, la de ser uno mismo. Ω ¿Alguna duda? ¿Tienes preguntas, comentarios o ideas para compartir? ¡Estoy aquí para escucharte! Ya sea que desees colaborar, solicitar más información o simplemente saludar, este es el lugar para hacerlo. CONTACTO
Prohibido contratar a mayores de 50 años

Prohibido contratar a mayores de 50 años. Así reza la norma “no escrita” en los departamentos de Recursos Humanos de muchas multinacionales. Paradójicamente, quien dicta esta sentencia peina canas y pronto se volverá contra él en forma de jubilación anticipada. Ya sabe, si tiene entre ocho o diez lustros de existencia y está en paro o un ERE le ha llevado por delante, vaya pensando en un Plan B. Toca volver a empezar. Al millón largo de personas mayores de cuarenta años que estaban en paro en España antes del virus, habrá que sumar los no pocos que perderán su trabajo. Esta terrible pandemia se agrava con casamientos tardíos, hipotecas infinitas, divorcios o padres y madres con hijos pequeños. Una triste realidad laboral que ya estamos viviendo y que hay que afrontar con coraje desde el entorno familiar. Surge así, de una forma más o menos forzada, el emprendimiento senior. Emprender ya no es país para jóvenes, los mayores nos incorporamos con fuerza a este modelo en el que se valora mucho más ser valiente y estar dispuesto a dar ese necesario primer paso que la maldita edad. Cada día nos encontramos con más casos de cuadragenarios, coloquialmente cuarentones y cuarentonas, que además de cargar con este estigma casi despectivo sobre su edad, por hache o por be, les toca emprender. Personas que han trabajado por cuenta ajena durante más de veinte años, muchos de ellos en la misma empresa, y que se han visto o se van a ver en la calle por la crisis, las reducciones de plantillas o por cualquier otro motivo laboral que casualmente afecta en mayor medida a este colectivo, y colateralmente a toda su familia. El autoempleo es una posible solución cuando entrevista a entrevista de trabajo, el talento y la experiencia de estos profesionales parece ser más un lastre que una ventaja. Cuando no encuentran una nueva oportunidad ni siquiera aceptando las reducciones salariales cercanas al cincuenta por ciento. Por no hablar de la maltrecha autoestima deteriorada por sacarles sin motivo aparente de un proceso de selección tras otro, porque obviamente nadie confiesa que es por la edad. Y es cierto que emprender no es nada fácil. Por muchas ayudas que anuncien y por cada historia de éxito que nos cuentan, hay cientos de fracasos detrás. Existen emprendedores de vocación y emprendedores por obligación. La gran mayoría de los obligados son emprendedores senior, abocados a esta vía más por necesidad que por convicción. Pero, veamos el lado positivo, no es malo llegar a este punto, aunque sea de rebote. Tiene muchas ventajas ser mayor y tener mucha experiencia a la hora de emprender. Circula por la red un estudio de dos profesores del Massachusetts Institute of Technology, que aseguran que fundar una startup a los 50 años tiene 2,8 veces más probabilidades de éxito que hacerlo a los 25 años. No tenga miedo. Ahora más que nunca no hay tiempo que perder. Déjeme decirle que la nueva etapa es apasionante, mucho mejor que esperar la ansiada jubilación viendo cómo pasa despacio el tiempo en el reloj. Lo que está por venir es un mundo convulso, cambiante, incierto y a la vez mucho más grande, con más oportunidades y con mayor capacidad de hacernos sentir vivos para los jóvenes de espíritu. Le quedan muchos años de trabajo y su planteamiento, desde las canas, va a ser mucho más sereno, profundo e intenso que el de un impetuoso zagal. El mundo laboral ya ha cambiado y mucho. De nada vale aferrarse a lo que pudo ser y no fue, lo mejor es lanzarse para no sólo descubrir nuevos mundos, sino crearlos. Volver a ser pionero de una nueva etapa, y concebirla paso a paso desde el sentido común es ahora una obligación. Y para los treintañeros que leen atónitos e incrédulos desde su confortable teletrabajo este artículo, les aconsejo que se preparen para este cambio, que probablemente a ellos les llegará mucho antes que a nosotros. Permítanme que les sugiera hacer crecer y mantener su networking, porque es muy probable que tengan que tirar de sus contactos en el futuro, la vida es caprichosa y el que hoy es su colaborador mañana podría ser su cliente o su jefe. No permita que la brecha digital se agrande, ni desconocer las redes sociales, aunque su trabajo siga siendo analógico y no requiera de transformación. Piense en cultivar sus fortalezas y ser experto en algo, porque en el futuro es muy probable que venda esa experiencia como elemento diferenciador. Y sobre todo no deje de aprender, esto cada vez va más rápido. Sea curioso y explore al máximo todo lo que tenga que ver con su especialidad, las nuevas tendencias y tecnologías, infórmese, estudie y cree su propia marca personal, su sello de identidad. Perder el trabajo no es el fin del mundo ni mucho menos, pero nuevos tiempos requieren nuevas aptitudes. Y estar preparado para cuando llegue el momento le hará pasar menos tiempo en el purgatorio. Y si tiene el gusanillo del emprendimiento, vaya alimentándolo para cuando toque ser mariposa. Si es de los afortunados que aún mantiene su trabajo, cultive estas habilidades al calor de la nómina, esto le ayudará sin duda a activarse rápidamente en un futuro inmediato, porque ineludiblemente le va a tocar, le acabarán echando si no se va usted antes. Emprender no es una cuestión de edad. Es una cuestión de actitud. Para emprender hace falta valor. Un proyecto. Mucha ilusión. Muchas ganas de intentarlo y capacidad para asumir el fracaso. Y evidentemente, ganas de intentarlo una y otra vez hasta dar con la piedra filosofal. Tendrá que vivir en la incertidumbre, pero como puede comprobar, hasta a eso llega uno a acostumbrarse. ¿Podemos emprender a los cuarenta o a los cincuenta? La respuesta es sí. Emprender es una opción más y como todo en la vida tiene ventajas e inconvenientes hacerlo a los cuarenta o a los cincuenta en lugar de hacerlo a los veinte. Pero poder, se